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jueves, 25 de diciembre de 2014

.- SORPRENDEME .- CAPITULOS DE MARATOM 28 29 Y 39

28
Ni el martes, ni el jueves, ni la semana siguiente, ____ apareció en
el Sensations ni lo volvió a llamar.
El humor de Tom día a día se tornó oscuro y devastador. El joven
divertido que sonreía a todos, de pronto se había convertido en un ogro que
sólo protestaba y siempre estaba de mal humor. Ni con el sexo disfrutaba.
Escuchar la canción Impossible, de James Arthur, le revolvía las
entrañas. Como decía la letra, había que tomar precauciones en el amor,
pero con _____ había bajado la guardia y se encontraba fatal. ¿Qué le
ocurría? ¿Por qué era incapaz de olvidarla? ¿Realmente estaba enamorado
de ella?
Nunca había dependido de la presencia de una mujer y no entendía por
qué ahora, precisamente a ella no podía quitársela de la cabeza.
Se pasaba las horas frente a la cafetería de su casa, deseando verla
entrar o salir. Tenían que hablar. Tenían que solucionar lo ocurrido. Pero ni
ella ni la niña entraban o salían de allí. ¿Dónde se había metido?
De pronto, _____ se había convertido en una especie de droga para él.
Necesitaba saber dónde se hallaba, con quién estaba... no saber de ella lo
estaba volviendo loco.
Al final, decidió ir a la única fuente de información, su amiga Judith.
—No sé dónde está, Tom.
—Pequeña —intervino su marido, sentado a la mesa de la cocina—.
Si sabes dónde está, díselo.
—Que no lo sééééééé —gritó molesta.
Aquellos dos la estaban sometiendo a un tercer grado y eso la estaba
molestando mucho.
—No te creo, Jud —insistió Tom, clavando sus ojos en ella—.
¿Cómo no vas a saber dónde está?
—A ver si te crees que yo no tengo otras cosas que hacer que estar
cotilleando sobre mis amigas. Además, ¿por qué ahora tengo yo que
contarte cosas, cuando tú a mí antes no me las has contado?
—¡Joder, Jud!
Bill miró a su mujer. El semblante serio de Tom le hizo saber que su
amigo no estaba para jueguecitos. Finalmente, Jud le aseguró:
—Te juro que no sé dónde está. Te lo prometo.
—Joder —protestó de nuevo Tom, tocándose el pelo.
Ella, tras cruzar una mirada con su marido, preguntó:
—Te has colgado de _____, ¿verdad?
—Déjate de tonterías.
El silencio tomó de nuevo la cocina y Judith, incapaz de callarse lo
que pensaba, dijo, dando un puñetazo en la mesa:
—No, guapo. Déjate de tonterías tú...
—Judith —la cortó él—. No me toques más las narices, por favor.
Ese arranque de furia hizo que ella y su marido se miraran. Por
primera vez desde que lo conocían, Tom estaba así por una mujer y,
poniéndole una mano sobre el brazo, replicó:
—No pretendía hacerlo. Sólo intento hablar contigo como tú lo hiciste
conmigo o con Bill, ¿o acaso lo has olvidado?
Consciente de su mal humor, Tom miró a su amiga y susurró:
—Perdona. No sé qué me pasa.
La joven, sonriendo de nuevo, levantó el mentón y, ante el gesto
divertido de su marido, recordó:
—Tú fuiste a buscarme a España. Hablaste conmigo. Me escuchaste y
me pediste que luchara por Bill, y me consta que a él le pediste que hiciera
lo mismo si realmente me quería y no podía vivir sin mí. ¿Por qué ahora
nosotros no podemos pedirte a ti lo mismo si vemos que sufres por _____?
—Tom sonrió y ella añadió—: Todavía recuerdo el día en que me dijiste
eso de que a ti las mujeres te gustan guapas, tentadoras, listas,
desconcertantes y, sobre todo, que te sorprendan. —Y guiñándole un ojo,
agregó—: _____ te ha sorprendido, ¿verdad?
Al darse cuenta de que ella tenía razón en todo, se levantó y se acercó
al ventanal, desde donde vio a Simona con los niños en el jardín.
—Joder, Judith. No sé qué me ha pasado con ella, pero...
—Pero si no os podíais soportar. Aún recuerdo el día que la increpaste
porque se mensajeaba con un hombre por el móvil.
Al recordarlo, Tom sonrió y respondió:
—Ese día simplemente nos divertíamos ante ti.
Boquiabierta, Judith repuso:
—¿Tú eras el tipo con el que se mensajeaba y con el que después
quedó? —Tom asintió y ella exclamó—: ¡Seréis merluzos! —Y mirando a
su marido, que reía, preguntó—: ¿Tú lo sabías?
Bill, levantando las manos, rió y Judith, totalmente bloqueada porque
no se lo hubiera contado y le hubiera guardado el secreto a su amigo, se
lamentó:
—¡Ocultándome cosas! ¡Seréis gilipollas!
Ambos se rieron y, finalmente, Judith también lo hizo. Luego,
mirando a Tom, preguntó:
—¿Cuándo os comenzasteis a ver?
Dispuesto a ser sincero con ellos, explicó, sentándose a la mesa de
nuevo:—La encontré una noche en el Sensations.
—¿¡En el Sensations!? —gritó Judith, atónita.
Sin más, Tom le contó todo lo acontecido, mientras la joven,
alucinada, escuchaba. Él, al ver su gesto de sorpresa, asintió y, mirando a
su amigo, añadió:
—Por cierto, el último día que estuvimos allí con Diana y su novia,
nos vio en el reservado.
—¿Y por qué no me ha dicho nada? —gritó Judith.
—Porque le dio vergüenza —aclaró Tom.
Desconcertada, ella se llevó las manos a la cabeza y murmuró:
—Joder... joder... joder. ¡No me lo puedo creer!
—Pequeña, controla tus hormonas —rió Bill.
—Cariño, no me calientes más —replicó ella, tocándose la barriga—.
Estoy enfadada contigo, ¡que lo sepas!
Bill soltó una risotada y mirándola con amor dijo:
—Pequeña, ¡eres tremenda!
—Lo que es es una bruja —se mofó Tom, divertido—. En vez de
ayudarme, no hace más que poner trabas para que encuentre a la otra bruja.
Y, por cierto, cuando la encuentre, no sé qué le voy a hacer.
—Vamos, morenita —insistió Bill—, dile a Tom dónde está _____.
¿No te da pena?
Judith intuyó que debía de estar fuera del país y tentada estuvo de
contarle la verdad sobre la profesión de su amiga, pero le había prometido
guardar el secreto y, al ver que ____ no se lo había revelado a Tom, lo
abrazó y le confesó:
—Sé lo mismo que tú. Estará de viaje. ¿Dónde? No lo sé.
Tom, por su cara, supo que decía la verdad y aquella noche cuando
llegó a su casa, decidió investigar por su cuenta. Dos días después, lo que
encontró no le gustó.

29
Cuando aterrizaron en Múnich a las once de la mañana, ______ estaba
exhausta. Aquel viaje había sido agotador y sólo deseaba llegar a casa para
meterse en la cama y dormir... dormir y dormir. Necesitaba descansar un
par de días antes de ir a Asturias a recoger a su pequeña.
Mientras descargaban el avión, ella se ocupó del papeleo. No veía el
momento de acabarlo para marcharse, sin darse cuenta de que un par de
ojos avellanas y furiosos la observaban desde no muy lejos.
—Buenos días, teniente Parker.
Volviéndose, se encontró con James y, tras saludarse con el típico
gesto militar, ella respondió:
—Comandante Lodwud.
Durante un rato, ambos hablaron sobre el papeleo y luego el hombre,
al ver que no había nadie a su alrededor, preguntó:
—¿Cenas conmigo esta noche?
—No —respondió ella, mientras caminaban.
—Venga, ______, lo pasaremos bien, como siempre.
Ella sonrió y, mirándolo, explicó:
—Me voy esta misma tarde para Múnich.
Pero el comandante no se daba por vencido y al llegar a un lateral del
avión, insistió:
—Vamos, ______..., anímate.
—Hoy no, Lodwud.
El comandante aceptó la negativa, se dio la vuelta y se marchó. Al
verlo alejarse, _____ continuó a lo suyo. Abrió una pequeña compuerta del
avión y, cuando se iba a agachar, unas manos la asieron del brazo; ella,
volviéndose, se quejó:
—Lodwud, no seas pesadito, por...
Pero no pudo continuar.
Ante ella estaba Tom, no Lodwud, y por su manera de mirarla no
parecía contento. Durante unos instantes, se contemplaron en silencio,
hasta que él, paseando sus ojos por la ropa de ella, siseó en un tono nada
conciliador:
—¡¿Teniente Parker?!
_____ no supo qué responder y él añadió furioso:
—Eres una jodida militar americana ¿y no me lo habías dicho?
—Tom...
—¿Dijiste azafata?
—Tom...
—¿Lo has pasado bien riéndote de mí? Maldita embustera.
Estaba furioso y, sin dejarla hablar, continuó:
—Nunca imaginé que al indagar en tu vida descubriría que...
—¿Has estado cotilleando en mi vida? —preguntó molesta.
—Joder... estaba preocupado por ti. De pronto, la niña y tú
desaparecisteis de la faz de la Tierra, ¿qué querías que hiciera?
Su enfado...
Su tono de voz...
Su mirada ofuscada...
Entendía su enfado. Su inquietud. Y sin querer hacer más preguntas,
sólo abrazarlo y pedirle perdón, intentó acercarse a él, lo necesitaba, pero
Tom dio un paso atrás.
—¡Ni se te ocurra acercarte a mí nunca más en tu jodida vida,
teniente! Ahora sí que no te considero nada mío y doy yo todo el asunto
por finalizado.
Sin más, se dio la vuelta y se alejó. Pero ______ no podía dejar las cosas
así. Tom se había convertido en su obsesión y corrió tras él. Cuando lo
alcanzó, sin importarle quién los pudiera ver, lo agarró del brazo y cuando
él se paró y la miró, empezó por disculparse:
—Siento no habértelo dicho, pero...
—Pero ¿qué? —gritó él, descontrolado—. ¿Tan difícil era decir la
verdad? ¿Tan difícil era decir «Soy militar y no azafata»? ¿Tan difícil
era...?
—Sí... sí era difícil —contestó ella—. Contigo sí. Me dejaste muy
claro que no te gustaban los militares. En concreto, me dejaste clarísimo lo
que sentías por los militares americanos. ¿Cómo crees que me he sentido
yo todo este tiempo? Quería contarte la verdad, pero... pero no puedo
obviar lo que soy. ¡Soy militar americana!
—Ahora entiendo de dónde viene esa chulería, ¡teniente! —Y
observando a Lodwud, que los miraba, añadió—: También te acuestas con
ese tipo, ¿verdad?
—Tom...
—Ni Tom ni nada —voceó descompuesto—. Te he abierto mi casa,
mi vida, y... mi... ¿Y tú me lo pagas mintiéndome? ¿Te lo has pasado
bien..., nena?
Su tono despectivo y la manera como la miraba le hicieron saber a
_____ que había perdido el combate. Por ello prefirió callar y no responder.
Tom estaba furioso y tenía que intentar entenderlo. No enfurecerlo más.
Él no se lo merecía.
Durante unos segundos, se miraron a los ojos y entonces a él le sonó
el móvil. Al cogerlo, reconoció la voz y, cambiando su tono de voz por otro
más apacible, contestó:
—Hola, Agneta.
_____, sin moverse, lo oyó decir:
—Sí. Lo pasamos bien el otro día. —Y mirándola a ella con
desprecio, agregó—: Ponte guapa esta noche. Sí... yo también tengo ganas
de verte.
Esa conversación hizo que la rabia de ______ llegara a límites
insospechados, de modo que, sin importarle enfurecerlo, siseó:
—Eres un idiota... un capullo... un gilipollas...
—Mejor me callo lo que creo que eres tú —replicó él con
indiferencia.
Con ganas de patearle el culo, ______ dio un paso atrás y, dispuesta a no
dejarle ver el dolor por aquella llamada y su desprecio, lo animó antes de
darse la vuelta:
—Pásalo bien con tu amiguita.
—Tú también pásalo bien.
Al oírlo, _____ se paró. Miró a Lodwud, que los observaba, y con una
sonrisa que a Tom no le gustó nada, afirmó:
—No lo dudes..., nene.
Dicho esto y sin volver a mirarlo, se dio la vuelta y caminó hacia la
parte delantera del avión. Desde allí, Fraser y Neill habían sido testigos de
todo y cuando ella llegó a su altura, el primero preguntó:
—¿Ése no es el tipo que estaba con Sami y contigo en la puerta de tu
casa?
_____ no respondió y con un gesto le pidió a su amigo que se callara.
Después le quitó los papeles que tenía en la mano y dijo alto y claro:
—Iré a entregarle todo esto al comandante Lodwud. Neill, esta noche
me quedaré aquí. Mañana a primera hora saldré para Múnich. ¿Tú qué
harás?
Sorprendido por el cambio de planes, su compañero la miró.
—Haces mal. Deberías hablar con Tom. Creo que...
—¡Cállate, Neill! No te he pedido opinión —ordenó furiosa.
El militar al oírla, asintió y, tomando aire, respondió:
—Yo me iré esta noche. Quiero ver a mi mujer.
______ asintió y se alejó.
Sus amigos la miraron asombrados. Había rabia en sus ojos y ninguno
dijo nada. Sólo la vieron alejarse a grandes zancadas en dirección al hangar
donde estaba el despacho del comandante. Al entrar en él, oyó:
—Teniente Parker.
Al volverse se encontró con su amigo Robert, que, con el cejo
fruncido, preguntó:
—¿Qué ocurre?
—Nada... No ocurre nada.
Robert, que como muchos había presenciado su discusión con un
hombre, la cogió del hombro y, llevándola a un lateral, insistió:
—______, he visto lo que ha ocurrido. Joder, somos amigos. ¿Qué te
pasa?
Desolada pero conteniendo su rabia, contestó:
—He estado saliendo con ese hombre, pero lo hemos dejado porque le
he engañado y...
—¿Se ha enterado de lo de Lodwud?
Asombrada porque él supiera lo de ella con el comandante, murmuró:
—¿Y tú cómo sabes lo de Lodwud?
Robert, bajando la voz para que nadie los oyera, respondió:
—No sé qué tienes con él. Lo único que sé es que os vi una vez salir
de madrugada de un hotel. Lodwud no es santo de mi devoción, ______, y no
creo que sea un buen hombre para estar a tu lado. Tú necesitas otra cosa.
Ella asintió. Robert sabía menos de lo que _____ temía y él añadió:
—Tampoco sé quién era el tipo con el que discutías en la pista, sólo sé
que lo vi en la bolera, en aquella fiesta en la que me besaste el cuello para
ponerlo celoso, y hoy aquí. Y reconozco que sin conocerle me cae bien.
Enfrentarse a la superteniente Parker no es fácil y él lo ha hecho
maravillosamente bien. ¡Me gusta ese tipo! Y ahora, cuéntame en qué le
has engañado.
—Le he ocultado que era militar.
Sin entender nada, Robert preguntó:
—¡¿Y?!
—Él odia a los militares americanos por un problema que tuvo en el
pasado con un jodido comandante. —Y, callándose, se retiró el pelo de la
cara y finalizó—: Mira, da igual. Yo... yo no necesito a nadie, Robert. Yo...
—¿Cómo que no necesitas a nadie? Todos necesitamos a alguien.
—Ese hombre, yo creía que era... era especial. Pero él no quiere
hablar conmigo. Para él soy un jodido enemigo. Un militar americano
¿Qué quieres que haga?
—Joder, ______... pues convéncele de que eres mujer antes que militar,
si es que él te importa. Haz el favor de olvidarte de una vez de tu pasado y
retomar tu vida. Deja de ser la superteniente Parker las veinticuatro horas
del día y sé _______. Te aseguro, cariño, que la vida te irá mejor, porque
todos necesitamos que alguien especial nos quiera.
—Teniente Smith —llamó García, la copiloto de Robert.
Él, tras hacerle una seña con la mano, miró a ______, que lo observaba, y
dijo:
—Esta conversación la tendremos que continuar en otro momento,
¿de acuerdo? Pero ve pensando que esto no puede seguir así. Y si ese tío te
gusta, ¡a por él! Tú eres ______ Parker, la tía con más narices que
conozco y que no se rinde ante nada ni ante nadie. Por lo tanto, déjate de
tonterías y si ese hombre te interesa intenta hablar con él y demostrarle que
eres una mujer, además de una jodida militar americana.
Ella asintió y cuando vio marcharse a Robert, continuó su camino.
Pero su furia regresó al recordar que Tom había estado con Agneta.
¿Cómo podía haber hecho algo así?
Al llegar a la puerta del comandante Lodwud, llamó y cuando éste
contestó, entró. Él, al verla, inquirió:
—¿Qué desea, teniente Parker?
Olvidando lo que había hablado segundos antes con Robert Smith,
cerró con el pestillo y, tirando los papeles en la mesa, respondió:
—Quiero sexo.
Lodwud asintió y al recordar al tipo con el que ella discutía en la
pista, preguntó:
—¿Estas enfadada, _____?
—Sí.
—Te he visto discutir con un hombre. ¿Es él quien te ha puesto
furiosa?
Alejando sus pensamientos sobre Tom, contestó mirando al fornido
militar que la deseaba:
—Sí.
No hizo falta decir más.
El comandante, sentado en su silla, vio cómo ella se bajaba la
cremallera del mono caqui para tentarle y, sin dudarlo, pidió:
—Siéntese sobre mí, teniente.
______ lo hizo y cuando estuvo frente a frente con él, Lodwud metió con
premura una mano en el interior del mono hasta llegar a su vagina y, tras
abrirle los labios, introdujo un dedo y preguntó:
—¿Cómo se llama ese hombre?
—Tom.
Moviendo el dedo y profundizando en ella, el comandante susurró:
—Esto te relajará, preciosa. Piensa en Tom.
Con maestría, movió su dedo dentro de ella y la masturbó. _____ cerró
los ojos y disfrutó. El militar sabía lo que la excitaba y se lo dio. La
conocía. El tiempo había hecho que conocieran sus gustos y sus demandas.
Con la mano que le quedaba libre, subió la camiseta verde que llevaba bajo
el mono y, tras sacarle un pecho del sujetador, se lo mordió. Le succionó el
pezón hasta que ella se apretó contra él y, diciendo el nombre de Tom,
suplicó que no parara.
Mordiéndose los labios, _____ se tragó sus jadeos mientras buscaba su
propio placer, como siempre que estaba con Lodwud. Cuando alcanzó el
clímax y mojó los dedos de él, con frialdad, se levantó y se recompuso. El
comandante, sin dejar de mirarla, abrió un cajón, le lanzó una llave y dijo:
—Hotel Sedan. Habitación 367.
—Allí estaré a partir de las ocho.

30
Furioso y sin ganas de reírle las gracias a nadie, Tom estaba con
Agneta en el Sensations esa noche. Cuando vio aparecer a su amiga vestida
tan sexy como siempre, literalmente se echó sobre ella y la llevó a un
reservado para disfrutar del sexo. Pero en aquella ocasión el juego se
volvió contra él y allí sólo gozó Agneta.
Eso lo puso de peor humor y convencido de que aquello tenía que
cambiar, invitó a dos parejas a entrar en el reservado y, tras varios
whiskies y varios polvos, todo mejoró. Disfrutó de una excelente noche de
sexo e intercambios de pareja. Cuando dejó a Agneta en su casa, satisfecha,
condujo su coche con chulería hasta su garaje. Su vida volvía a ser sólo
suya.
Sin embargo, al meterse en la cama, no pudo dormir. Las palabras de
______ y su expresión cuando le dijo que ella también lo pasaría bien se le
habían grabado en la memoria y no podía dejar de pensar en ellas. Miró el
reloj. Las cinco y veinte de la madrugada. Necesitaba hablar con alguien y
decidió enviar un mensaje al único que sabía todo lo que había descubierto
de ella.
Bill, que estaba despierto al recibir el mensaje, rápidamente lo llamó.
—La he visto. He visto a esa jodida mentirosa y...
—Tom..., tranquilízate —pidió Bill.
Hasta no hacía mucho, él era el que se desesperaba ante las cosas que
Judith hacía e, intentando entender lo que le ocurría a su amigo, añadió:
—Escucha, Tom, la diferencia entre tú y yo es que tú tienes una gran
capacidad para entender las cosas y yo no. Tu sentido del humor siempre te
ha ayudado y...
—Mi sentido del humor te aseguro que en este instante ha
desaparecido.
Después de un tenso silencio en el que Bill intentó comprenderle, éste
insistió:
—Siempre me has dicho que antes de sacar conclusiones he de
pensarlas y creo que ahora soy yo el que te lo tengo que decir a ti. —Al
oírlo resoplar, añadió—: Sí, ella te mintió. Te ocultó que era militar, pero
¿eso es lo suficientemente importante como para que des por finalizado
algo que te estaba ilusionando?
—Sí.
—Tom... tú tampoco se lo has puesto fácil. Si ella te hubiera dicho lo
que era, no habrías querido saber nada más. Te conozco. Te conozco hace
muchos años y sé lo que piensas de ciertas cosas... Y no me digas ahora
que no.
—Joder, Bill —protestó malhumorado.
Su amigo tenía razón. Pero descubrir aquello le había dolido. Lo había
destrozado.
—¿Te recuerdo lo que me dijiste cuando Judith me ocultó a mí cierta
información en el pasado?
Ambos sonrieron al recordar aquello y Bill prosiguió:
—Entiendo que estés molesto. Descubrir que alguien no es sincero
contigo molesta, y molesta mucho, pero valora lo que sientes por ella. Te
guste o no, ______ ha conseguido llegar hasta ti como no lo ha hecho
ninguna otra mujer. ¿De verdad no la vas a perdonar?
—No.
Sorprendido por su cabezonería, Bill insistió:
—Eso no es propio de ti, amigo.
—¡¿Piloto?! Joder, me dijo que era azafata y resulta que es una jodida
piloto americana.
—Tom, tranquilízate,
—No puedo, Bill... Me ha mentido y me siento como un tonto.
—Habla con ella, quizá tenga una razón para...
—No.
—Te arrepentirás.
—Lo dudo, Bill..., lo dudo.
Éste, consciente de lo que dolía el corazón cuando uno estaba
enamorado, añadió:
—Mira, Tom, yo soy y seré tu amigo el resto de tu vida, pero en
temas del corazón sólo puedes decidir tú. ¿Que te ha mentido? ¡Sí! Pero
piensa que si lo ha hecho es porque temía tu reacción. Ahora bien, si no
quieres retomar tu relación con ella por el motivo que sea, al menos
perdónala. Intenta que entre vosotros quede una amistad, al fin y al cabo,
______ es amiga de Judith y tarde o temprano os volveréis a ver.
—Espero que sea más tarde que temprano —siseó molesto—. Lo
último que me apetece es verla.
—Mientes, amigo. Te mueres por verla, reconócelo —lo contradijo
Bill—. Cuanto antes lo asumas, será mejor para ti.
Tom no contestó. Su amigo tenía razón. Deseaba verla. Deseaba
besarla. Pero estaba tan enfadado con ella por sus mentiras, que no quería
dar su brazo a torcer. Finalmente dijo antes de colgar:
—Bill, gracias por hablar conmigo.
—Aquí estoy y estaré siempre. Ya lo sabes.
Cuando Bill colgó el teléfono y miró hacia la puerta, su mujer estaba
mirándolo y no se sorprendió cuando ella anunció:

—Mañana iré a ver a _____ a su casa. Esto se tiene que aclarar sí o sí.


HOLA!!! CAPITULOS POR MOTIVO DE NAVIDAD xD ... TOM YA SE ENTERO DE QUE LA RAYIS ES MILITAR :O ... AHORA QUE PASARA ... LA PERDONARA O NO ... TOM REACCIONO MUY MAL Y LO ENTIENDO, ESPEREMOS QUE TODO SE SOLUCIONE. CHICAS FELIZ NAVIDAD, ESPERO Y AYER SE LA HAYAN PASADO GENIAL EN COMPAÑIA DE SU FAMILIA, CON LA COMIDA Y EL TEQUILACHO JAJAJAJA AQUI EN MI PAIS ES TEQUILA ... AHUAAAA!!! :D ... BUENO, HOY HUEVONEEN, PASENSELA EN CAMA Y VIENDO TELE QUE MAIZ ... BUENO SIN MAS QUE DECIR ME DESPIDO, MAÑANA AGREGO SI HAY LOS 4 CAPS O MAS , HASTA PRONTO Y QUE DIOS ME LAS BENDIGA Y CUIDEN, CHAOOOOO!!! :D xD

lunes, 22 de diciembre de 2014

.- SORPRENDEME .- CAPITULOS 26 Y 27

26
Dos días después, cuando Tom entró en los juzgados, su semblante era
serio. No había podido pegar ojo. Desde su última tarde con _____, no había
vuelto a saber de ella. La había llamado, pero no le había cogido el
teléfono. ¿Por qué se comportaba así?
¿Acaso no sentía lo mismo que él?
De pronto una mujer, la última de la que se lo podía esperar, lo había
sorprendido como ninguna y no podía dejar de pensar en ella. En su boca,
en sus besos, en su cuerpo, en su mirada y en su pasión cuando le hacía el
amor. Nunca se había enamorado.
Nunca había perdido la razón por nadie.
Nunca había dependido de una mujer.
Pero lo que sentía por _____ era irrefrenable. La sentía suya. Se sentía
torpe al no estar con ella y la continua sensación de estar perdido no lo
abandonó desde que se marchó de su lado.
Tras ganar un juicio y perder otro, decidió ir al restaurante de su padre
a comer. Gordon, al verlo entrar, supo que algo le pasaba. Por norma, su hijo
siempre entraba con una sonrisa y aquel día no había sido así.
Una vez se sentaron a comer juntos, le preguntó:
—¿Qué te preocupa, hijo?
—¿Por?
—No bromeas y estás más callado de lo normal, y eso es raro en ti.
Tom sonrió.
—No pasa nada, papá.
—¿Qué ocurre, hijo? —insistió su padre.
Sorprendido por su insistencia, lo miró.
—¿A qué te refieres?
—Soy viejo, pero no tonto.
Tom, negando con la cabeza, respondió:
—No pasa nada, papá. Hoy en los juzgados uno de los casos se me ha
complicado más de lo que pensaba y...
—No mientas.
—¿Cómo?
—Estás mintiendo. —Y bajando la voz, le dijo—: Mira, hijo, en todos
estos años sólo has perdido la sonrisa dos veces. El día que murió tu madre
y cuando el juicio por lo de Grete.
Recordar lo de Grete, como siempre, lo enfureció. Le preguntó a su
padre: —¿Todavía te acuerdas de eso, papá?
Éste asintió y, acercándose a él, contestó:
—Sí, hijo. Por increíble que te parezca, los padres no olvidamos esos
detalles. El sufrimiento de los hijos es nuestro propio sufrimiento.
—Papááááááá.
—Y ahora pondría la mano en el fuego y no me quemaría al pensar
que tu gesto serio es por una mujer, ¿verdad?
Tom se dio por vencido y, tras asentir con resignación, murmuró:
—Sí, papá.
—Para llegarles al corazón, a las mujeres hay que hacerlas reír. Si
consigues eso, muchacho, ¡es tuya! ¿Quién es? ¿La conozco?
—No, papá.
—¿Ha venido por aquí?
—No.
—¿Seguro? Mira que yo tengo buen ojo para las mujeres bonitas.
Tom cerrando los ojos ante su insistencia, claudicó.
—Se llama _______.
Al mencionar su nombre, vio que había caído en el juego de su padre
y, riendo, escuchó que éste decía:
—Más sabe el zorro por viejo que por zorro. Ya sabía yo que una
mujer tenía algo que ver en todo esto. Y, llamándose ______, ¿puede ser
la española amiga de Judith?
Tom, sorprendido por su agudeza, fue a decir algo, cuando el hombre
añadió: —Ya te he dicho que tengo buen ojo para las mujeres y ______, con
ese nombre tan maravilloso, no puede ser una mala chica.
—Su padre es americano.
Gordon, al comprender, respondió:
—¿Y qué? Eso no la hace mala persona, hijo, ni a su padre tampoco.
—Pero nunca me han gustado los americanos.
El hombre cabeceó e insistió:
—Generalizas por lo que nos pasó con Grete y ese militar. Pero no
debes pensar así. En el mundo hay gente buena y gente mala, sean
americanos, chinos o alemanes. No generalices, Tom. Te lo he dicho
muchas veces. Las personas son como son, nada tiene que ver su
nacionalidad.
—_____ me está volviendo loco, papá.
Gordon soltó una risotada.
—Normal, hijo. Las mujeres son así. ¡Vuelven loco a cualquiera!
Ambos sonrieron y Tom, con cariño, explicó:
—Tiene una hija. Una maravillosa niña que estoy convencido de que
te encantaría. Sami es preciosa, papá. Es divertida, ocurrente. Habla a su
manera, alemán, español e inglés y es...
—¿Una niña? ¿Está casada?
—No, _____ es madre soltera. Tenías que ver cómo se desvive por
Sami. Cómo la cuida, cómo la mima. Nunca he conocido a nadie como
ella.
El anciano sonrió. Sin duda alguna, aquella mujer había calado hondo
en su hijo.
—Por lo que cuentas, entonces es una luchadora. Y sé de lo que hablo.
Prácticamente os he criado solo a ti y a Harry y sé lo mucho que cuesta criar
un hijo. Y si me dices que ella sola lo está haciendo, menuda luchadora
tiene que ser.
—Pero no sé qué es lo que quiere, papá. Tan pronto todo va de
maravilla, como cambia de opinión y... y yo no sé qué hacer.
Gordon, poniéndole una mano en el hombro, preguntó:
—¿Te gusta mucho?
—Sí...
El hombre cabeceó.
—Las mujeres son así, ¡indescriptibles! Y si esa ______ te gusta
tanto como estoy viendo, creo que debes luchar por ella. No permitas que
otro hombre vea lo que tú has visto y te la arrebate. Sé listo, hijo,
¡enamórala! Haz que no pueda vivir sin ti.
Tom sonrió. Su padre era un romántico...
—De acuerdo, papá. Lo intentaré —dijo levantando su jarra de
cerveza para brindar con él.
Gordon sonrió y, divertido, exclamó:
—¡Así me gusta, Tom, positividad!
El domingo por la mañana, Tom salió a por el periódico y se sentó en
una cafetería a leerlo. Ese ritual siempre le había encantado. Domingo,
tranquilidad, periódico y café.
Pero en esa ocasión no estaba todo lo concentrado que debía, había
cambiado de cafetería y, siguiendo el consejo de su padre, había decidido
luchar por ____.
Había pasado una semana y ella no lo había llamado. Dispuesto a
recuperarla, se sentó frente al edificio donde vivía. Si no le cogía el
teléfono, al menos no se negaría a hablar con él cuando lo tuviera delante.
Mientras miraba el portal a la espera de que la puerta se abriera,
marcó su número. Como siempre, _____ no lo cogió y Tom blasfemó.
Cuando la viera, se iba a enterar de quién era él.
Al cerrar el móvil, éste sonó. Era Rania, una de sus amigas. Cuando
iba a contestar, el portal se abrió y vio salir a _____ con su pequeña en
brazos. Sin importarle Rania, cortó la llamada, salió de la cafetería y fue a
su encuentro.
_____, sin darse cuenta de que Tom se acercaba, abrió el cochecito de
la niña y la sentó en él. Tras sujetarla bien para que no se cayera, se
incorporó y se sobresaltó al verlo a su lado.
—Joder, ¡qué susto me has dado!
—¿Tan feo soy? —se mofó él.
Pínsipe tonto —soltó Sami, señalándolo.
Tom, agachándose, le dio un beso a la pequeña en el moflete y
murmuró con cariño:
—Hola, princesa.
_____, enternecida por el gesto, añadió:
—Además de tonto, un poco feo sí que eres, la verdad.
Él, sin moverse, tocó la naricilla de la niña.
—Si me dices guapo, te doy una cosa que te va a gustar mucho.
La cría sonrió y rápidamente dijo:
—Guapo.
Tom se sacó del bolsillo un paquete, se lo entregó y, cuando ella lo
abrió, gritó emocionada:
—Una codona dosaaaaaaaaaaaaaaa de pinsesaaaaaaaaaaa.
El duro abogado volvió a sonreír como un tonto al ver su reacción. La
madre de la criatura murmuró:
—Lo tuyo es ser un gran embaucador. ¿Le has comprado a mi hija una
corona de princesa?
Pero él no estaba para muchas bromas y enderezándose para estar a su
altura, preguntó:
—¿Qué ocurre, _____? —Y sin dejarla responder, añadió—: ¿Por qué
no me has llamado?
—He estado muy liada.
—¿Por qué no me coges el teléfono?
Su presencia la había sorprendido. No lo esperaba allí e, intentando
encontrar las fuerzas que la abandonaban cuando lo veía, respondió:
—Porque tengo otras cosas más importantes que hacer.
Tom blasfemó; así no iban por buen camino. Mirándola, afirmó:
—Tenemos que hablar.
—No.
—Sí.
Con una expresión que a él no le gustó, _____ dijo:
—Vale, ya te llamaré para ir al Sensations.
—_____...
Su paciencia comenzaba a agotarse y, agarrándola por la cintura, le
confesó:
—Te echo de menos.
Zafándose de él, interpuso el cochecito de su hija entre los dos y
respondió con el cejo fruncido:
—Tom, no te aceleres.
—¿Cómo que no me acelere?
—No me grites.
Asintió con la cabeza. Ella tenía razón. No debía perder las formas y,
desesperado, musitó:
—Escucha, cielo...
—No me llames «cielo» —lo cortó ella y, sacándose del bolsillo del
pantalón una cajetilla de tabaco, se encendió un cigarrillo ante el gesto
incómodo de él.
A cada segundo más sorprendido y molesto, insistió:
—_____, me estás volviendo loco. No sé qué te pasa. Creía que me
considerabas algo tuyo. Creía que te gustaba y...
—Y me gustas —afirmó—. Pero hay cosas que tú no sabes y...
—¿Qué cosas? Habla conmigo, ¡dímelas! Joder, ______, creo que me
conoces al menos un poco y sabes que soy un tipo con el que se puede
hablar. ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa para que estés tan negativa con relación a
lo nuestro?
Ella lo miró. Deseaba contarle que era militar, pero no se atrevió y,
finalmente, obviando lo que su corazón le pedía a gritos, anunció:
—Tengo que irme.
—¿Adónde vas?
—He quedado.
—¿Con quién?
No obtuvo respuesta.
Se estaba arrastrando por ella, pero _____ lo valía y, como un tonto, la
miró y sin querer agobiarla más, preguntó finalmente:
—¿Me llamarás cuando regreses?
—No —contestó ella, apagando el cigarrillo en el suelo.
Alucinado por su rotundidad, la miró ofuscado.
—Pero ¿por qué?
—Porque no sé a qué hora voy a regresar. Además, mañana me voy de
viaje otra vez y...
—¿Que te vas otra vez?
—Sí.
—¿Adónde?
Sin saber qué decir, _____ respondió:
—Serán varios días. Es un vuelo transoceánico y desde allí luego...
—¿Y Sami?
—Estará con mi madre —lo informó con un hilo de voz.
Durante varios segundos se miraron y, dispuesta a acabar con aquel
calvario, clavó sus negros ojos en los de él y afirmó:
—Me he dado cuenta de que no quiero profundizar en nuestra
relación.
—¿Cómo?
—Ambos éramos felices con nuestras vidas. Esto se nos está yendo de
las manos y uno de los dos tiene que saber pararlo. Y si ésa debo ser yo,
¡vale! Asumo el papel de poli malo.
La miró incrédulo. Deseó gritarle. Deseó discutir con ella, decirle
cuánto necesitaba su compañía, pero la pequeña Sami estaba allí y no debía
hacerlo. La ______ fría e impersonal que conoció al principio lo miraba, y
se sintió ridículo con aquella conversación. Estaba desnudando sus
sentimientos y ella parecía un témpano de hielo. De pronto, un coche pitó a
su lado y oyó:
—¡Eh, preciosa!
_____ sonrió al ver a Neill y a Fraser aparecer en el Hummer, mientras
Tom los miraba con gesto ceñudo. Reconoció al primero como el tipo de
la noche del hospital y, sin poder contener su furia, preguntó:
—¿Te acuestas con ellos?
A cada segundo más ofuscada, _____ respondió, dispuesta a alejarlo de
ella:
—Sí. Con los dos y con otros que no ves. Tú no eres el centro de mi
vida sexual. —Y al ver la dura mirada de él, añadió—: Márchate. Tengo
que irme.
Molesto. Celoso. Enfadado. Engañado. Así se sintió.
______ le había dicho que debía confiar en ella, que él era el centro de su
vida y, de pronto, nada de eso era verdad. Había vivido una increíble
mentira y se la había creído. Esa sensación de vacío le dolió. Ninguna
mujer le había hablado ni tratado así nunca y cuando vio que aquellos
hombres se bajaban del coche, recurrió al poco orgullo que le quedaba, se
dio la vuelta y se marchó sin volver la vista atrás.
Cuando Fraser y Neill llegaron al lado de _____, vieron que el hombre
se alejaba a grandes zancadas. Fraser preguntó, mirando a Sami.
—¿Cómo está mi princesa?
La pequeña aplaudió y le tendió los brazos. Él la sacó del cochecito y
la sentó en la silla trasera del automóvil. Neill, al ver que _____ observaba al
hombre marcharse con expresión indescifrable, preguntó:
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—¿Ése no es Tom?
—Sí.
Conocía a la teniente e intuía que lo que tenía con él era especial. Pero
también conocía aquella expresión y, mirándola, insistió:
—¿Qué has hecho, _____?
—No sabe que soy militar, Neill. Odia a los militares americanos. Y
he hecho lo que tenía que haber hecho hace tiempo, quitármelo de encima.
No necesito a nadie. Sami y yo estamos bien y...
—Pero, _____...
Ella, reactivándose en segundos, lo cortó:
—No quiero hablar del tema.
Una vez los cuatro entraron en el coche, se dirigieron a la casa de
Neill, donde _____ intentó disfrutar junto a la familia de éste de una
estupenda comida de despedida, pero ya nada era igual. Ahora Tom
ocupaba su mente. Miró su móvil mil veces. Ni un mensaje. Ni una
llamada.
Cuando por la noche llegó a su casa, encendió el ordenador y miró su
correo. Nada de Tom y, dolida y sin poder contener el llanto, incluyó en
su iPod las canciones de Aaron Neville y Bruno Mars que había bailado y
disfrutado con Tom. Le recordaban a él. Necesitaba escucharlas para
sentirlo más cerca.
¿Por qué era tan obtusa a veces? ¿Por qué le había tenido que hablar
así? ¿Por qué no había sido sincera con él desde el principio?
Cerró los ojos y vio su sonrisa, sintió cómo la besaba y cómo las
cuidaba a ella y a Sami. Como decía la canción de Bruno Mars, había
encontrado a una persona que la agasajaba, que la divertía, que le regalaba
flores... Se sintió fatal. En ese instante necesitó hablar con él. Debía
contarle la verdad. Debía dejarle decidir si la quería como era o no. Se
había portado como una idiota. Como una cría y Tom no se lo merecía.
Lo llamó al móvil, pero en esta ocasión fue él quien no se lo cogió. Lo
intentó varias veces, pero, al entender su negativa, con el corazón
ensangrentado finalmente desistió.
A Tom, que estaba cenando con una de sus amigas, al ver su número
en el teléfono, se le aceleró el corazón. ¿Debía cogerlo? Optó por no
hacerlo. Si él no era el centro de su vida, ella no iba a ser el de la suya y,
mirando a la pelirroja que estaba frente a él, sonrió. Tenía una estupenda
noche por delante con el abejorro Maya.
27
Al día siguiente a primera hora, _____ cogió un avión para España,
concretamente para Oviedo. Esa misma noche salía de misión durante
quince días y quería dejar a la pequeña Samantha a cargo de su familia.
Cuando llegó a la ciudad, sonrió al ver a su hermana. Scarlett le quitó a
Sami, que iba dormida, y se abrazaron. Sin demora, sentaron a la niña
dormida en el asiento trasero del coche e iniciaron la marcha.
—¿Cómo está mi hermanita preferida? —se interesó Scarlett.
—Jodida —respondió ella, encendiéndose un cigarrillo.
Mientras conducía, su hermana preguntó:
—¿Vuelves a fumar?
—No... Sí... Bueno, no sé.
—¿Qué pasa?
Apagando el cigarrillo recién encendido en el cenicero del coche,
replicó furiosa:
—Soy una imbécil, una gilipollas. Soy la peor persona que podrás
conocer en tu vida. Soy...
—Vale... vale... vale. —Scarlett detuvo el vehículo y, mirándola, dijo
—: Una vez que me has aclarado que tengo como hermana al ser más
repugnante que existe en la Tierra, ¿qué ocurre?
—He roto con Tom.
—¿Se ha enterado de que eres militar?
—No.
—¿Entonces?
—Hemos discutido y le he dado a entender que me acuesto con otros
para que no quiera saber nada más de mí. No le he contado que soy militar
porque no he podido. Cada vez que lo intento, me quedo paralizada como
una idiota.
—Pero ¿qué me dices?
—Lo que oyes.
—Pero ¿cómo has podido dejar escapar a un hombre así?
—¿Y qué querías que hiciera? Mi relación con él estaba basada en una
mentira. Y no por su parte, sino por la mía. Y, por favor, no se lo digas a
mamá ni a la abuela. No quiero que me atormenten a preguntas, ¿vale?
Scarlett asintió y murmuró:
—Vaya..., no sé qué decirte.
_____, negando con la cabeza, prosiguió:
—Me he comportado como una niña malcriada, Scarlett, y lo peor de
todo, se me fue la lengua y he sido una cobarde, cuando en realidad estoy
totalmente colgada de él.
—Como diría la abuela, ¡faltate un fervor!
—Uno no, doscientos. Soy lo peor de lo peor.
Las dos hermanas se abrazaron y _____ pidió:
—Por favor, no me hables más de él, ¿vale? Necesito centrarme o no
sé lo que va a ser de mí. Menuda mala leche llevo, pobre Neill y pobre
Fraser.
—¿Fraser? —repitió su hermana, intentando enfriar el tema—. Oh,
Dios... qué bueno está ese tío.
—¡Scarlett!
—Madre mía, ______, todavía recuerdo cuando él y yo... ¡Guau, qué
calores me dan al recordarlo! Pero no pudo ser y la vida continúa.
—Que sepas que él me sigue preguntando por ti.
—¿En serio?
—Totalmente en serio. Y quítate esa cara de zorrón. Si no estáis
juntos es porque tú no quisiste, no por él.
—Yo no quiero la vida de mamá, _____ —la cortó Scarlett—. Yo quiero
a alguien que esté conmigo todos los días, no alguien a quien sólo pueda
ver unos días al mes. Perooooooooo que esté a régimen no quiere decir que
no mire la carta de los postres y ¡Fraser es un buen postre!
_____ sonrió. Su hermana, como siempre, la animaba y con mejor
talante se dirigieron a La Isla. Al llegar a la casa de su abuela y bajar del
coche, Luján gritó:
—¡Qué alegría volver a ver a mis niñas!
Tras besar con adoración a su hija, la mujer sacó del coche a la
pequeña, que ya se había despertado, y, besuqueándola, preguntó:
—¿Cómo está mi muñequita?
Sami, divertida, rió y contestó:
—Yaya tonta.
—¿Me has llamado «tonta», pequeña sinvergüenza? —rió Luján al
oírla.
Todas sonrieron y _____ aclaró:
—Ha aprendido a decirlo y ahora para ella todos son tontos y tontas.
La puerta de la casa se volvió a abrir y apareció Covadonga, que al ver
a su nieta, preguntó:
—¿Y Tlomsito?
Con el corazón encogido, _____ respondió:
—Trabajando, abuela. Te manda muchos besos.
La mujer sonrió. Estaba claro que Tom le había dejado buen recuerdo
y, abriendo los brazos, exclamó:
—Ay, mi neña, ¡ven a darle un beso a tu güela!
_____ corrió hacia ella y la besuqueó. Covadonga observó:
—Estás en los huesines, neña. Has de comer más o cualquier día no te
veremos.
—Abuela, siempre estás igual —se quejó _____.
Covadonga, mirando a las vecinas que se asomaban a la puerta para
ver quién había llegado, voceó:
—¡Qué ye... oh!
Ellas saludaron con otra voz y Luján, orgullosa de su nieta, se la fue a
enseñar. Covadonga las miró y, torciendo el morrillo, cuchicheó al ver a
una de las vecinas haciendo el tonto ante la pequeña Sami:
—A la Isa faltale un fervor.
—Abuelaaaaaaaaaaa, ¡no empieces! —la regañó Scarlett.
Muerta de risa, _____ cogió a la mujer y la metió en la casa, mientras
reía a carcajadas ante las burradas que ella le comenzó a contar.
Esa tarde, tras decirle adiós a su pequeña y engañarla diciéndole que
iba a comprar leche, se despidió del resto de la familia y, con Scarlett, se
dirigió al aeropuerto. Una vez llegaron, su hermana murmuró, abrazándola:
—No te preocupes. Ya sabes que con nosotras Sami estará bien.
—Lo sé... lo sé..., pero cada día llevo peor esto de separarme de ella.
Me paso la vida mintiendo a las personas que más me importan. A Sami...
a Tom...
Abrazándola, Scarlett la entendió. Intuyó lo que pensaba y le
aconsejó:
—Cuando regreses, debes hablar con él y contarle la verdad.
_____ se encendió un cigarro, le dio dos caladas y lo apagó.
—Lo haré. Te juro que lo haré, aunque sea la última vez que me hable.
Scarlett sonrió y comentó:
—Llevas el ejército en la sangre. Pero tú, a diferencia de papá, echas
demasiado de menos a tu hija y eres capaz de dejarlo todo por amor,
¿verdad?
_____ asintió y su hermana dijo:
—Ve a ese viaje y, cuando regreses, busca a Tom. Habla con él e
intenta explicarle lo que sientes y el porqué de tus mentiras. Si por amor
eres capaz de dejar el ejército, no creo que él te vaya a despreciar.
—¿Tú crees?
—No lo sé, reina, pero por un tipo como ése, te aseguro que yo
remuevo cielo y tierra.
_____ sonrió y declaró:
—Te aseguro que si por fuera es impresionante, ¡por dentro es lo más!
Ambas rieron y ella anunció:
—Tengo que embarcar. Cuida de Sami hasta que yo regrese, ¿vale?
Abrazándola de nuevo, Scarlett asintió y, sin más, la dura teniente
Parker se marchó. Cuando llegó a Múnich, junto con sus dos compañeros,
que la esperaban en el aeropuerto, cogió el helicóptero que los llevó hasta
la base estadounidense de Ramstein, al oeste de Alemania. Desde allí, casi

a medianoche despegó hacia la base aérea de Balad, cerca de Bagdad, Irak.


HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN DOS CAPS PARA COMPENSARLAS POR NO HABERLES AGREGADO PERO ES QUE COMO ESTA SEMANA QUE PASO YA IBAMOS A SALIR DE VACACIONES TUBE DOS EXAMENES EN UN MISMO DIA Y TENIA QUE SACAR DIEZ PARA PASAR CON BUEN PROMEDIO MAS APARTE NOS DEJARON UNA TAREA DE EXPOSICION Y FUE PESADITO POR ESO NO AGREGE ... PERO AHORA QUE ESTOY DE VACACIONES LES PUEDO AGREGAR TODOS LOS DIAS SIEMPRE Y CUANDO ME ACOMPLETEN LOS COMENTARIOS, BUENO SIN MAS QUE DECIR ME DESPIDO, YA SABEN 4 O MAS Y AGREGO SINO NO ... ADIOS :))